el silencio

9.11.09
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De pronto estás a lado de una persona y no sabes cómo reaccionar ante ella. Sobre todo, no puedes hablar. Entonces ensayas miradas al entorno, juegas con el celular, inventas alguna incomodidad en el rostro o haces el ademán de una cita en espera. Pero nadie viene por ti. Y esa es tu peor angustia. Más aún si esa persona es conocida o dueña de una admiración secreta. Tus movimientos se hacen torpes y aunque tu cuerpo no suda, pareciera que la transpiración emanara hacia adentro. Como el comportamiento de un delincuente pillado. El silencio más aterrador de los silencios es el producido por dos personas separadas a una distancia confidencial.

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el dilema de las grafías

4.11.09
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Hay palabras que no me gustan por su grafía. De repente, solas pueden tener una belleza visual, pero cuando van acompañadas de otras pierden su estética original. Cuando escribo, me suele pasar que una palabra no me gusta porque se ve fea en medio de la oración. A veces, la cambio de lugar o la combino con otras grafías, sin encontrar un buen resultado, muy aparte del sonido. Entonces, me atasco en el texto. Sufro de continencia verbal. Luego, resignado, me decido a escribir la palabra por necesidad. Y esa es la razón: las palabras son necesarias sólo por su sonido, mas no por su condición visual. A través del tiempo, se han creado palabras por su eufonía rítmica e intensa, como en Rayuela 68, y no así por sus curvas y formas rectilíneas. ¿Entonces, por qué en la escuela nos enseñaron a escribir bonito en ese curso llamado caligrafía? ¿Qué está sucediendo ahora en los tiempos de las computadoras? Quizá ese dilema venga de la poesía, donde las palabras sí toman una carga visual en la distribución de los versos. En cambio, para la narración ese vacío sensorial queda falsamente copado por el arte de las fuentes.
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