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De pronto estás a lado de una persona y no sabes cómo reaccionar ante ella. Sobre todo, no puedes hablar. Entonces ensayas miradas al entorno, juegas con el celular, inventas alguna incomodidad en el rostro o haces el ademán de una cita en espera. Pero nadie viene por ti. Y esa es tu peor angustia. Más aún si esa persona es conocida o dueña de una admiración secreta. Tus movimientos se hacen torpes y aunque tu cuerpo no suda, pareciera que la transpiración emanara hacia adentro. Como el comportamiento de un delincuente pillado. El silencio más aterrador de los silencios es el producido por dos personas separadas a una distancia confidencial.


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